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Va de pollones

18 septiembre 2009

No, no me he vuelto hetero, es que quería contaros la gilipollez del día (de ayer). :D

Ayer teníamos reparto de la cooperativa y estrenábamos proveedor de carne. Hemos encontrado tres proveedores que asociados se hacen llamar Ecotall y producen carne ecológica de pollo, ternera y cordero, respectivamente. El caso es que ayer tenía que llegar el pedido de pollo. Habíamos encargado doce en total, y este proveedor lo llevo yo. Como el local está en el casco antiguo y ayer los accesos estaban cortados porque estamos en fiestas, le dije al pollo (jiji) que mejor nos sirviera los ídem a casa, que ya luego nosotras los llevaríamos al local por la tarde, a la hora de hacer el reparto. Yo me imaginaba doce pollos «normales», y no veía inconveniente en guardarlos en la nevera de casa unas horas. Pues bien, cuando llegaron los pollos… alucinamos. Eran ENORMES. Pesaban entres 3 y 3 kilos y medio cada uno. Algunas personas los habían pedido cortados a cuartos o a octavos, y venían en unas bandejas grandísimas. Y los enteros, ni os cuento. Daban casi miedo. :) El chico nos explicó que siempre los que matan en estas fechas son más grandes porque durante el verano, al haber más horas de luz, comen más. Y que los ecológicos tienen como mínimo cuatro meses de vida, mientras que los del súper los engordan en muchísimo menos tiempo (menos de dos meses). El caso es que, imaginaos el panorama: nosotras con la comida medio preparada, casi sentadas a la mesa, en nuestro apartamentito de 40 metros, cuando aparece el tío de los pollos con dos cajas enormes llenas de pollos gigantescos. ¡Y ahora dónde coño los metemos! Y lo peor: teníamos que llevarlos al casco antiguo, a patita. Como yo me los imaginaba de un tamaño «normal», pensé que podría llevarlos en el carro de la compra. Pero claro, no cabían todos ni de coña. Al final se solucionó todo porque un compañero de la cooperativa vino a recoger el suyo a casa y nos acercó en coche, pero vaya, no creo que olvide fácilmente el momento en que doce pollos gigantes invadieron mi casa. Eso sí, el tío se enrolló y no nos cobró portes. En agradecimiento le regalé un tarro de salsa de tomate casera que hice la semana pasada.

Ya os contaré qué tal cuando los pruebe…

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