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Preparando el huerto de verano

18 mayo 2010

Hace siglos que no escribo nada y no os cuento cómo va el huerto. Ya era hora, ¿no? Pues os cuento que va muy bien, que en los últimos meses ha entrado más gente y que ahora estamos a tope preparando la huerta de verano. Ya hemos plantado tomateras, calabazas, berenjenas, patatas, lechugas… y nos queda por plantar: melones, sandías, pimientos, judías verdes… y seguro que me dejo algo. Ya hemos desmantelado casi toda la parte de la huerta de invierno, aunque todavía están las zanahorias, y las habas y los guisantes, que estamos recolectando ahora. ¡Los guisantes recién cogidos son una auténtica delicia! Ah, y también hemos hecho una zona de plantas aromáticas: romero, tomillo, salvia, menta, albahaca y algunas otras cuyo nombre no recuerdo. Todavía me cuesta identificarlas, tengo que estudiar. :)

Pero bueno, mejor os pongo unas fotos y así lo veis con vuestros propios ojos.

Tomateras. Estas creo que son de la variedad “colló de frare”, o lo que es los mismo… cojón de fraile. Los nombres de las variedades tradicionales son la caña.


Las patateras. Tenemos que estar muy encima para controlar al escarabajo de la patata, pero lo estamos consiguiendo.

Habas. Las plantas están cargaditas ahora.

Yo antes no consumía habas y ahora estoy descubriendo muchas aplicaciones culinarias interesantes. Básicamente se trata de poner habas en todo lo que cocines: si es ensalada, pues las añades crudas. Si es guiso, pues se añaden unas pocas al sofrito o al hervido y ya está. Van bien con todo. Hoy por ejemplo he hecho unas lentejas con habas. Pones las lentejas, las habas y una patata troceada en un poco de agua con sal. Añades una cabeza de ajos, una ñora y una hoja de laurel. Lo hierves y ya está. Delicioso. Si te queda muy líquido, haces un sofritín de aceite de oliva, harina y pimentón y a la cazuela. Se espesa en un segundo.

Este año hemos plantado alcachofas. Si no ando muy errada, no podremos recolectar hasta pasadas dos temporadas, pero creo que merecerá la pena esperar. Además, después el tiempo vuela…

Lechugas de diversas variedades y escarolas. A la derecha, aunque no se percibe muy bien, están las plantas de guisantes.

Salvia. Unas de las aromáticas que hemos plantado. Me encanta en infusión.

Aquí hay tomillo, al fondo y lo que está en primer plano no sé lo que es… :)

Menta. Ya estoy deseando saborear esos mojitos veraniegos…

Caléndula. Las hojas se pueden comer y son perfectas para hacer ensaladas coloridas y frescas.

Florecillas silvestres, que también tiene derecho, ¿no? Aunque no nos las comamos, es bueno que haya flores en el huerto porque atraen a ciertos insectos que a su vez se comen a otros que podrían convertirse en plaga o crearnos problemas si se reprodujeran demasiado. Y también atraen a las abejas, lo que es bueno para la polinización. Bueno, ¡y alegran la vista!

Pues eso es todo por hoy…

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Marie-Monique Robin en España

8 marzo 2010

Marie-Monique Robin, la autora de El mundo según Monsanto, estará de visita por tierras catalanas la semana que viene. No sé si tendrá otras citas por el resto de España, pero por lo pronto recomiendo encarecidamente a todo el que pueda que acuda a los actos que hay programados. Si no habéis visto/leído El mundo según Monsanto (está en versión libro, más extenso y detallado, y en versión documental) ya estáis tardando. La información que esta periodista recopila y publica sobre la multinacional, líder del mercado de semillas transgénicas, es espeluznante. Además de eso, me parece fundamental enterarse de cómo se llegaron a introducir estos alimentos en el mercado a mediados de los años noventa en Estados Unidos, porque la historia es, como dirían en mi pueblo, «pa mear y no echar gota».

Resumiendo mucho, el gobierno de Estados Unidos entendía que el exceso de regulación era un fardo para la economía y la industria y promulgó una directiva que decía que los alimentos transgénicos eran «sustancialmente equivalentes» a sus contrapartidas naturales y que, por tanto, no había por qué crear un nuevo marco legislativo ni someterlos a evaluaciones toxicológicas u obligar a las empresas a utilizar un etiquetado distintivo. Así, los organismos encargados de aprobarlos (tanto en Estados Unidos como en Europa) se basan únicamente en los estudios que presentan las propias compañías interesadas en que se cultiven y se comercialicen sus «paquetes tecnológicos». Muchos científicos independientes denuncian que dichos estudios son deficientes en muchos aspectos, pero da igual: las instituciones están claramente del lado de las grandes multinacionales de los transgénicos y ni tan solo se exige que se verifiquen los estudios que presentan.

Además, estamos hablando de semillas sometidas a patentes que prohíben a los agricultores conservar simiente de su propia cosecha para volver a sembrar e intercambiar semillas con otros agricultores. ¿Cómo se come que se consideren «sustancialmente equivalentes» a efectos de reglamentación, pero después se patenten como innovaciones científicas? ¿Cómo se puede sostener la normativa que regula la «coexistencia» entre cultivos transgénicos y no transgénicos, cuando está más que demostrado que, una vez liberados al medio ambiente, es imposible controlar dónde van a parar estos organismos? Sin ir más lejos, en España, que es el productor número uno de Europa, se producen cada año muchos casos de contaminación de campos de maíz con material transgénico. Los agricultores ecológicos, que tienen que someter su cosecha a análisis cada año para renovar su certificación, están sufriendo las consecuencias de esta política que prioriza los intereses de las multinacionales y no tiene en cuenta ni a los consumidores ni a los agricultores. Estos últimos sufren la contaminación y las pérdidas derivadas de ella, sin que haya responsables ni indemnizaciones de ningún tipo. Podéis echar un vistazo a este dossier, editado por Greenpeace en 2008, para haceros una idea de cómo está la situación en este sentido.

Os recuerdo también  —y quizá muchos no lo sabréis— que la ley establece que si la presencia de material transgénico en los alimentos no supera el 0,9% no hay necesidad de que hacerlo constar en la etiqueta. Incluso en productos ecológicos certificados. O sea, a día de hoy, en nuestro país, es IMPOSIBLE decidir no consumir  transgénicos. Además de que están presentes en el 100% de los piensos animales, los dos cultivos más comunes (soja y maíz) se utilizan en el 60% de la producción industrial de alimentos, en forma de harinas, grasas vegetales, lecitina de soja, jarabe de glucosa, almidón de maíz… etc. Como digo, ni siquiera consumiendo únicamente productos ecológicos certificados tendríamos la seguridad de estar evitándolos.

Pues bien, a pesar de que hay diversos estudios que indican que estos alimentos pueden afectar a la salud (en animales de laboratorio se han observado alergias, daños en órganos internos, daños a la fertilidad…); a pesar de que promueven un modelo agrícola que no beneficia a los agricultores sino a las grandes multinacionales; a pesar de que la opinión de los consumidores es mayoritariamente contraria a estos productos; a pesar de que las técnicas que se emplean para crearlos son cuestionadas por muchos científicos por simplistas, burdas y basadas en premisas cuestionables. A pesar de que no tenemos ni idea de cómo puede resultar a largo plazo la liberación de miles de millones de nuevos organismos al medio. A pesar de que NO SON NECESARIOS Y NO RESPONDEN A NINGUNA DEMANDA DE LA SOCIEDAD. A pesar de todo eso, la semana pasada se aprobó el cultivo en Europa de nuevas variedades de patata transgénica, y la CE está tratando de flexibilizar todavía más la reglamentación (!!) para facilitar la imposición de estos cultivos y estos alimentos. A mí me parece que esta situación es absolutamente indignante. Si piensas lo mismo, no te quedes con lo que te cuento aquí, que no es más que la punta del iceberg. Infórmate bien y actúa como creas conveniente. Hay muchas organizaciones que están implicadas en la lucha contra la imposición de estos cultivos y el mes que viene se prepara una semana de acciones descentralizadas que culminarán en una manifestación estatal en Madrid, el día 17 de abril, el día mundial de la lucha campesina. ¿Vamos a dejar que la base de la alimentación se quede en manos de cuatro empresas? ¿Vamos a dejar que se pisoteen así los derechos de los consumidores?

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Más sobre el huerto…

25 febrero 2010

Hoy he estado en el huerto con unos colegas. Hemos removido el compost para que se airee, hemos quitado alguna hierba y hemos comenzado el canal de riego de la zona de verano.

Las hortalizas de invierno van bastante bien, algunas a toda mecha, como véis en la foto de abajo; pero no podemos dormirnos en los laureles y hay que ir preparando el huerto de verano si queremos comer sandías y melones en agosto. Hay que planificar con bastante antelación. Bueno, de aquí a nada toca sembrar patatas y yo voy a empezar plantel de tomate en casa para plantar cuando esté listo. Vamos a ver si plantando prontito esquivamos a la tuta, la plaga más temida del lugar. El año pasado todo agricultor se quejaba del estropicio que este bichito había hecho en sus tomateras y desde luego nosotros no nos libramos. Haremos varias plantadas sucesivas, de distintas variedades, y veremos cuáles resisten mejor.

Algunas cosas, como os decía, van a toda mecha ahora: las coliflores, por ejemplo. Hoy hemos recolectado algunas que pesaban casi 3 kg. Las acelgas son increíbles, salen solas por todas partes aunque no les hagas ni caso. Las espinacas tampoco van mal, pero creo que las hemos plantado demasiado juntas. Dicen que los horticultores principiantes suelen echar más semillas de la cuenta cuando se hace siembra a voleo. Y es cierto. Creo que con las zanahorias nos ha pasado lo mismo. Veo las líneas de hojitas demasiado espesas, pero no sé si todavía estamos a tiempo de hacer un aclareo. A lo mejor pruebo en una esquinita, a ver qué pasa…

espinacas

zanahorias: el gran misterio. ¿Qué habrá debajo? ¿Irán bien o mal?

Las lombardas están preciosas también. Y eso que estas fotos no les hacen justicia, que son fotos cutres hechas con el móvil. Si tuviera una buena cámara serían hipnóticas. La verdad es que las plantas son tan bellas…

lombardas

Aquí abajo veis las habas, y más a la derecha, los guisantes. Junto con las lechugas, en la foto de más abajo, empiezan a despertar del letargo en el que llevan sumidas unas cuantas semanas, debido al frío. El caso es que han resistido y ahora están empezando a tirar. Además, la abundancia de lluvias nos ha evitado tener que regar, y en nuestro caso es importante porque, como regamos a manta, nos ahorra mucho trabajo. En riego a manta cada vez que se riega hay que abrir y cerrar canales de riego, moviendo tierra con la pala o la azada de un sitio a otro, según lo que convenga regar, y para abrir y cerrar el canal. Así que eso que nos hemos ahorrado…

habas y guisantes

lechugas

Aquí veis a un compañero trabajando en el canal de riego de la zona de verano. La parte que queda a la derecha de la foto, que ahora no tiene nada, será la huerta de verano, y ahí plantaremos tomates, pimientos, berenjenas, melones, sandías, calabacines, pepinos, etc. Pero primero hay que organizar la zona, o sea, hacer el canal por donde pasará el agua cuando reguemos y los caballones para los cultivos. Todo esto tiene su misterio, porque para que el riego se pueda hacer el canal tiene que ser uniforme (sin depresiones ni bultos que obstaculicen en flujo del agua) y tener la dirección adecuada según la pendiente del lugar. Normalmente hay que hacer arreglos después del primer riego, que es cuando se ve claramente dónde hay problemas (donde hay que rebajar, donde hay que poner tierra, etc.).

Y para terminar, la cosecha del día:

acelgas, espinacas y coles de bruselas

coliflor blanca y verde

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Calçotada 2010

8 febrero 2010

Hoy hemos celebrado la calçotada del huerto. Ha estado muy bien. Además, los calçots nos han salido sencillamente perfectos. Todavía nos estamos preguntando cómo, porque es la primera vez que los cultivamos y no hemos hecho gran cosa: los plantamos en septiembre, los calzamos en noviembre, y entre tanto lo único que hemos hecho ha sido regarlos de vez en cuando.  Hoy lucían así antes de cosecharlos:

El vecino nos ha enseñado cómo sacarlos sin que se rompan, y cómo separarlos y quitarles la tierra en plan rapidito, y nos hemos puesto manos a la obra. Aquí tenéis unos cuantos ya cosechados y listos para echarlos a la parrilla:

Como ya os conté en otra entrada, los calçots no se hacen a la brasa, sino que se cocinan sobre la llama, como véis aquí:

Luego se ponen en papel de periódico y se envuelven bien para que guarden el calor:

No tengo fotos del momento de comerlos porque evidentemente tenía cosas mejores que hacer y las manos negras y pringosas, así que no quería coger el móvil así. Sin embargo, alguno de los compañeros (valiente) sí que ha hecho fotos durante la comida, así que si recibo alguna medianamente digna, editaré la entrada y la añadiré. Lo de digna no hace referencia a la calidad de la foto, sino al aspecto que pueda tener en ella, claro…

También hemos hecho alcachofas a la brasa, de una forma que creo que es típica de por aquí (al menos yo nunca lo había visto hacer así). Se coge la alcachofa, sin limpiar ni nada, se golpean contra el suelo o la mesa, de manera que se abra un poco, y allí dentro se pone sal, pimienta y un chorrito de aceite. Una vez hecho eso se pueden poner sobre las brasas como veis en la foto o también se pueden envolver en papel de aluminio y enterrar en las brasas. Salen jugosas y deliciosas.

Este chiquitín es Chávez, uno de los perros del vecino.

Todos los nombres de sus perros son surrealistas. Tiene otro que se llama Franco y otro Michael Jackson…

Aquí una coliflor, para que veáis que van viento en popa.

El brócoli va más lento, pero mirad qué guapo está también. ¿No os parecen preciosos?

Aquí otras dos preciosidades.

Y aquí las ganadoras del concurso de belleza.

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Cosecha de invierno

20 enero 2010

Acelgas, lombardas, alguna lechuguita y muuuuuuchas hierbas no deseadas

Hoy he ido al huerto. Después de más de un mes. Entre las navidades y las últimas lluvias —que impiden trabajar el suelo— lo teníamos ya un poco abandonadillo. Así que el viernes pasado nos reunimos todos para tomar una cervecita y ponernos las pilas, y acordamos pasarnos hoy para echar un vistazo general, recolectar las coles que las orugas no se hubieran comido y ver si los calçots están ya listos para hincarles el diente. Pues bien, parece que a las orugas, babosas y caracoles del lugar tampoco les mola mucho el frío y la lluvia, porque se han portado bastante bien. Se han tomado sus tapitas, evidentemente, pero han dejado bastante para nosotros. Son buena gente. Se nota que agradecen la cerveza que les hemos ido dando para tenerlas a raya. :)

Aquí se ven a la izquierda las coles, a continuación los puerros y después los ajos, que se confunden un poco entre las hierbas no deseadas

Vamos, que estaba todo mejor de lo que esperaba: algunas hojas estropeadas por las heladas; las lechugas muy paraditas (apenas han crecido en un mes) pero sanas; las hierbas no deseadas tan lozanas como siempre y la zona de alrededor del compost como si fuera un prado alpino, llenito de hierbecita fresca y mullida. Daban ganas de echarse una siesta allí al sol. También van creciendo, aunque despacito, los guisantes, las habas y las zanahorias.

Las habas han brotado a pesar del frío

Después de hacer la ronda de reconocimiento por el lugar, también para que lo vieran un par de horteras nuevos (la familia crece… ¡ya somos diez!), hemos cosechado coliflor, escarola, acelgas, espinacas y coles de bruselas. ¡Ah! Y los calçots no van bien, ¡van de maravilla! Y eso que era la primera vez que los plantábamos. Hemos sacado uno para ver si ya estaban hechos y al romperlo… mmmmm… ¡qué aroma! ¡qué frescor! Seguramente este finde celebraremos la calçotada del huerto. ¡Qué ganas tengo! ¡Qué bien sienta retomar el huerto después de un mes!

La cosecha del día

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Lo terminé

15 enero 2010

Ayer acabé el libro de Joaquim Sempere, Mejor con menos. Necesidades, explosión consumista y crisis ecológica. Me lo he ventilado en menos de una semana. La verdad es que no es muy extenso, son unas 240 páginas. Bueno, según se mire pueden considerarse muchas, supongo. Pero el caso es que a mí se me ha hecho corto y me ha parecido que el espacio está muy bien aprovechado. Y personalmente me ha servido para aclarar ciertos conceptos, articular ideas, confirmar cosas que ya sabía o intuía, recordar o tener más presentes otras que tiendo a olvidar (porque todos, inevitablemente, tendemos a ver las cosas de una forma determinada) y, por supuesto, aprender otras nuevas. Su visión me parece bastante equilibrada y serena, a pesar de que no duda en denunciar lo que considera denunciable y en alarmar (sin sensacionalismo barato, sino a base de información y argumentos) sobre los riesgos a los que según él se enfrenta la humanidad a causa, entre otras cosas, de la explosión consumista y los grandes cambios en los sistemas de necesidades que se han producido en los últimos años, que han transformado profundamente lo que él llama «metabolismo socionatural» (los intercambios materiales y energéticos entre sociedades humanas y medio ambiente, necesarios para sobrevivir y vivir). Muy interesante, vamos. Os copio otro par de parrafitos y lo dejo aquí. Espero que alguno de vosotros se anime a leerlo porque de verdad creo que merece la pena. Resultará interesante a cualquier persona que se pregunte mínimamente en qué clase de sociedad vive.

En las conductas económicas más habituales las decisiones de compra se toman sobre todo en función del precio: pagar el precio mínimo para cada nivel de calidad de la mercancía adquirida. Por eso el nivel de precios incentiva la compra de determinados productos y desanima la de otros. […] No hay que olvidar que los precios tienen dos caras: coste para el consumidor e ingreso para el productor. Un precio bajo facilita que el individuo como consumidor tenga acceso al bien. Pero a la vez reduce el ingreso del productor. [Y más aún, añado yo, teniendo en cuenta que la mayor parte de lo que pagamos por un artículo ni siquiera llega al productor, sino que se queda en la distribución]. La expansión de la agricultura moderna muy productiva en manos de grandes empresas multinacionales del agronegocio se presenta a veces como un medio para abaratar los alimentos y así luchar contra el hambre. Pero lo que estos procesos ocultan es la desaparición en el mundo entero —sobre todo en los países empobrecidos del Sur— de millones de explotaciones familiares, y con ello el empobrecimiento de quienes no pueden competir con la agricultura supermoderna. El abaratamiento del alimento es inseparable, en estos casos, del empobrecimiento del productor del alimento y de su ruina.

[…]

Se ha hablado de otros factores culturales que contribuyen a dar forma al consumo doméstico y a aumentarlo. Hay también factores estructurales. El tamaño de la familia disminuye. Se multiplican los domicilios unipersonales, con todo el equipamiento de electrodomésticos al servicio de una sola persona y no de varias, como en las familias convencionales. Incluso donde hay más de una persona, la reducción del número de hijos y la ausencia de los abuelos reduce la ratio entre usuarios y bienes duraderos. Dentro de la unidad familiar se individualiza el uso de bienes duraderos (un televisor, un equipo de música, un teléfono móvil, etc., para cada persona). La moda, a su vez, desvaloriza bienes que conservan aún su plena funcionalidad o valor de uso, provocando una obsolescencia psíquica que acorta la vida útil de los bienes y acelera su rotación, y por tanto el consumo de recursos naturales y energía para la fabricación de cada bien. La moda, mezcla de individualismo y de mimetismo masificador, está ligada a la expresión de la propia identidad personal y a la búsqueda de reconocimiento, a la vez que de estatus, pero también a la voluntad de los fabricantes de aumentar la frecuencia y el número de sus ventas. […] Todo esto reduce la eficacia medioambiental de nuestras actividades cotidianas. A la luz de las consideraciones anteriores, combatir el consumismo, entendiendo por ello consumo excesivo, superfluo, innecesario, antiecológico, injusto, etc., no puede plantearse como una decisión moral puramente individual. Solo modificando el marco estructural en el que se forman las preferencias y las necesidades será posible reducir significativamente el consumo innecesario y la huella ecológica excesiva.

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Sigo leyendo…

13 enero 2010

Os copio otros parrafillos del libro de Joaquim Sempere (citado en la entrada anterior) que tengo entre manos. Me está gustando mucho. Me ha encantado cómo expone los cambios que se han producido en la humanidad a raíz de la invención del vídrio y del automóvil, pero eso no puedo copiarlo, que son muchas páginas. Así que quién quiera leerlo, a la biblioteca a por el libro. Y si no lo tienen, lo pedís, como he hecho yo. :)

Cada sociedad y cada época tienen unos niveles medios de necesidades refinadas que hacen posible el reconocimiento mutuo entre todos los miembros de la sociedad. Cuando ir calzado se ha convertido en un atributo habitual, adquiere el simbolismo de la riqueza humana «normal» apropiable por cada miembro del grupo. En tal caso, el reconocimiento de una persona como miembro normal, digno, aceptable para los demás, como individuo capaz de compartir con los demás los valores propios de la comunidad, sólo se puede obtener utilizando calzado.

… y así nos vemos todos arrastrados a consumir o utilizar cosas que a menudo ni nos gustan ni nos hacen falta realmente. Seguro que todos podéis pensar en algo que se aplique a vuestro caso particular.

El bienestar depende del servicio obtenido, no de la cantidad de recursos empleados en su obtención. La sociedad industrial proporciona a los seres humanos muchos más servicios que cualquier sociedad preindustrial. Pero también utiliza para ello una cantidad enorme de recursos naturales, ya sean minerales o biológicos, ya sean materiales o energéticos. Y retorna a la naturaleza una suma de residuos también muy grande, con efectos a menudo contaminantes. Es obligado preguntarse si no es posible organizar nuestro metabolismo socionatural de tal manera que maximicemos los servicios y las satisfacciones minimizando a la vez los impactos sobre el medio.

Pos eso digo yo. Que tiene razón el hombre. Mejor con menos.