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Lo terminé

15 enero 2010

Ayer acabé el libro de Joaquim Sempere, Mejor con menos. Necesidades, explosión consumista y crisis ecológica. Me lo he ventilado en menos de una semana. La verdad es que no es muy extenso, son unas 240 páginas. Bueno, según se mire pueden considerarse muchas, supongo. Pero el caso es que a mí se me ha hecho corto y me ha parecido que el espacio está muy bien aprovechado. Y personalmente me ha servido para aclarar ciertos conceptos, articular ideas, confirmar cosas que ya sabía o intuía, recordar o tener más presentes otras que tiendo a olvidar (porque todos, inevitablemente, tendemos a ver las cosas de una forma determinada) y, por supuesto, aprender otras nuevas. Su visión me parece bastante equilibrada y serena, a pesar de que no duda en denunciar lo que considera denunciable y en alarmar (sin sensacionalismo barato, sino a base de información y argumentos) sobre los riesgos a los que según él se enfrenta la humanidad a causa, entre otras cosas, de la explosión consumista y los grandes cambios en los sistemas de necesidades que se han producido en los últimos años, que han transformado profundamente lo que él llama «metabolismo socionatural» (los intercambios materiales y energéticos entre sociedades humanas y medio ambiente, necesarios para sobrevivir y vivir). Muy interesante, vamos. Os copio otro par de parrafitos y lo dejo aquí. Espero que alguno de vosotros se anime a leerlo porque de verdad creo que merece la pena. Resultará interesante a cualquier persona que se pregunte mínimamente en qué clase de sociedad vive.

En las conductas económicas más habituales las decisiones de compra se toman sobre todo en función del precio: pagar el precio mínimo para cada nivel de calidad de la mercancía adquirida. Por eso el nivel de precios incentiva la compra de determinados productos y desanima la de otros. […] No hay que olvidar que los precios tienen dos caras: coste para el consumidor e ingreso para el productor. Un precio bajo facilita que el individuo como consumidor tenga acceso al bien. Pero a la vez reduce el ingreso del productor. [Y más aún, añado yo, teniendo en cuenta que la mayor parte de lo que pagamos por un artículo ni siquiera llega al productor, sino que se queda en la distribución]. La expansión de la agricultura moderna muy productiva en manos de grandes empresas multinacionales del agronegocio se presenta a veces como un medio para abaratar los alimentos y así luchar contra el hambre. Pero lo que estos procesos ocultan es la desaparición en el mundo entero —sobre todo en los países empobrecidos del Sur— de millones de explotaciones familiares, y con ello el empobrecimiento de quienes no pueden competir con la agricultura supermoderna. El abaratamiento del alimento es inseparable, en estos casos, del empobrecimiento del productor del alimento y de su ruina.

[…]

Se ha hablado de otros factores culturales que contribuyen a dar forma al consumo doméstico y a aumentarlo. Hay también factores estructurales. El tamaño de la familia disminuye. Se multiplican los domicilios unipersonales, con todo el equipamiento de electrodomésticos al servicio de una sola persona y no de varias, como en las familias convencionales. Incluso donde hay más de una persona, la reducción del número de hijos y la ausencia de los abuelos reduce la ratio entre usuarios y bienes duraderos. Dentro de la unidad familiar se individualiza el uso de bienes duraderos (un televisor, un equipo de música, un teléfono móvil, etc., para cada persona). La moda, a su vez, desvaloriza bienes que conservan aún su plena funcionalidad o valor de uso, provocando una obsolescencia psíquica que acorta la vida útil de los bienes y acelera su rotación, y por tanto el consumo de recursos naturales y energía para la fabricación de cada bien. La moda, mezcla de individualismo y de mimetismo masificador, está ligada a la expresión de la propia identidad personal y a la búsqueda de reconocimiento, a la vez que de estatus, pero también a la voluntad de los fabricantes de aumentar la frecuencia y el número de sus ventas. […] Todo esto reduce la eficacia medioambiental de nuestras actividades cotidianas. A la luz de las consideraciones anteriores, combatir el consumismo, entendiendo por ello consumo excesivo, superfluo, innecesario, antiecológico, injusto, etc., no puede plantearse como una decisión moral puramente individual. Solo modificando el marco estructural en el que se forman las preferencias y las necesidades será posible reducir significativamente el consumo innecesario y la huella ecológica excesiva.

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2 comentarios

  1. “Listado” como tal de radios libres no hay o yo no conozco. En la web http://www.medioscomunitarios.net salen las de la Red de Medios Comunitarios (y alguna otra, por cierto, si alguien no está en la lista que mande un mail al contacto que pone y le metemos) por comunidades autónomas. En cualquier caso, dime la zona en la que vives por un mail e igual te puedo decir algo. m.meda(arroba)urcm.net

    Saludines.


  2. Muchas gracias, Miriam. Me miraré la web que me dices y si necesito más información ya te escribiré.

    Saludos.



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