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Visita a la finca de Joan Castellà

8 septiembre 2008

Este sábado fuimos a visitar la finca de Joan Castellà, el agricultor que nos vende las verduras. Vinieron unas amigas también. Nos enseñó el invernadero, los campos, el almacén y el lugar donde montan las cajas para sus clientes. Nos habló de cómo se las van ingeniando para combatir las plagas de manera ecológica, cuántas personas trabajan allí, más o menos qué hacen cada día de la semana, en qué consiste la certificación ecológica, etc. Ellos producen principalmente para repartir directamente a sus clientes unas cajas (pueden ser semanales, quincenales, mensuales, ocasionales…) con verduras y frutas variadas. La fruta no la producen ellos, pero es toda ecológica y les ayuda a complementar su oferta. (Si sois de por aquí y os interesa el tema en este blog hay varios artículos donde podéis ver algunas fotos de lo que contienen las cajas que recibimos a domicilio. Están en la categoría «de comer»).

El sábado cuando llegamos estaban empaquetando cebollas para Mercabarna. La cosecha de cebollas ha ido muy bien este año y les sobran. Hay que intentar darles salida. Yo le pregunté un montón de cosas y el tío tiene carrete —es evidente que le apasiona lo que hace— así que estuvimos allí tres horas, paseando y escuchando. Básicamente se trata de mantener el equilibrio de la tierra y de la planta. Eso quiere decir que en lugar de matar a todo bicho indiscriminadamente, como se hace en agricultura convencional, en la ecológica se estudia el papel de cada uno de ellos y se trata de que ninguna población crezca más de la cuenta. De esa forma no hay grandes problemas porque unos se comen a otros y no pasa nada. Es un trabajo intenso de observación constante y a lo largo de los años, para ver cómo se comportan los serecillos que conviven con las plantas y cuidar que no se salgan de madre. En cuanto a la tierra, es mucho más rica en nutrientes que la abonada químicamente y además alberga más vida, lo que quiere decir que se oxigena mejor con el movimiento de los bichitos que viven en ella. Además, nos contó que ellos remueven la tierra con frecuencia por el tema de la oxigenación y también porque algunos de los bichos que andan por la superficie se vuelven a enterrar y así no dañan la planta. Está claro que hay muchas alternativas para controlarlos sin necesidad de matarlos sin más.

A la tierra se le van dando descansos gracias a la rotación de cultivos para que se reponga y porque cada planta se especializa en extraer de ella unos nutrientes determinados. Si se cultiva siempre lo mismo en un pedazo de tierra, esta acaba agotándose, desequilibrándose, porque se tira siempre de los mismos nutrientes (que son los que luego nos alimentan a nosotros). Todo sale de la tierra, realmente. Tierra y agua es lo que comemos. Las verduras se pueden considerar un vehículo. Al crecer y fortalecerse, sin saberlo, trabajan para nosotros, porque hacen lo que nuestro cuerpo no sabe hacer: extraer los nutrientes de la tierra y convertirlos en biomasa vegetal comestible, nutritiva, ¡y encima deliciosa!. ¿No es maravilloso? Cuando consumimos verduras ecológicas les devolvemos el favor, porque nos estamos preocupando de no machacar la tierra, de cuidarla y de respetarla. La rotación de cultivos también sirve para despistar a los bichitos, que se encuentran un cultivo distinto al año siguiente, lo que a su vez ayuda a mantener ese equilibrio del que os hablaba. Se trata más de ahuyentar y confundir a los bichos que de cargárselos sin más. Todo esto os lo cuenta una urbanita que no entiende del tema y con toda la humildad.

La visita me pareció muy interesante y me encantó ver los tomates, los pimientos, las berenjenas, los calabacines… con esas flores tan preciosas que tienen. Que por cierto, Joan nos contó que los polinizaban a mano: cogiendo cada flor y restregándola por donde corresponde. Y que había que hacerlo antes de las diez de la mañana porque si no a la planta no le gustaba. ¡Menudo curro! También nos contó que los calabacines hay que cogerlos rápidamente cuando empiezan a estar porque crecen a toda pastilla. Vimos unas cuantas variedades de tomates que estoy deseando probar, unos que se llaman «muchamiel» y otros que les dicen «de Montserrat». Tenían una pinta estupenda, aunque aun estaban un poco verdes. Otra cosa curiosa: los campos los riegan por aspersión (nos dijo que muchos bichitos no son amigos del agua y de esa manera se crea un ambiente que no les resulta muy atractivo), pero tienen el problema de los caracoles, que trepan hasta la boquilla del aspersor y lo atascan impidiendo que salga el agua. Para solucionar esto habían colocado botes de refresco cortados por la mitad justo debajo de la boquilla, de manera que los caracoles se iban quedando apelotonados en el bote y no podían llegar arriba, pero decía que cuando el bote se llenaba pasaban unos por encima de otros y llegaban. Vamos, que tenían una tarea continua con esto de los aspersores y los caracoles… Me hizo gracia enterarme de estas cosillas, conocer un poco más de cerca su trabajo. Desde luego, cuando me lleguen las verduras esta semana las veré de otra manera. Las valoraré todavía más, al tener una ligera idea de todo el trabajo que hay detrás y saber exactamente de dónde vienen.

Después, como esta finca está en Amposta (aunque reparten a toda Cataluña), nos fuimos a comer al delta del Ebro. Y ayer nos pasamos todo el día haciendo conserva de tomate. Yo nunca lo había hecho y tenía ganas de probar. Una amiga recordaba haberlo hecho hace años con su madre y su abuela y decidimos pringarnos este año a ver cómo se nos daba. Espero que todo funcione y la salsa no se estropee, porque nos salió buenísima. La frase más repetida del día: «¡joderrr, cómo huele estooo!». Tomatito natural reducido a fuego lento y aromatizado con laurel y romero. Y como soltaban mucho jugo y queríamos la salsa espesa, tengo también una botella de litro y medio de zumo de tomate en la nevera, que retiramos antes de poner el tomate al fuego. Parte del zumo me lo beberé y parte lo congelaré para dar sabor a sopas, arroces, salsas y lo que se me ocurra. ¡Aquí no se tira nada! :)

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7 comentarios

  1. eyy!! has sido la única que ha hecho la redacción sobre la excursión! jejejej.
    Muy bien explicado todo, te pongo un 10!

    Tte. Ripley


  2. Jajajaja. Ya sabes que me encanta eso de «hacer redacciones»…

    Besos, flor.


  3. Muy interesante, Noe.
    Estoy a punto de reincorporarme a la vida virtual y he empezado por asomarme primero a tu blog :o)
    Dices: “los calabacines… con esas flores tan preciosas que tienen.”
    ¡Y lo riquísimas que están! ¿Has probado las flores de calabacín?
    Besote
    Rafa(C)


  4. ¡Hola, Rafa! Encantada de volver a verte por aquí. Pues no, no he probado nunca las flores de calabacín, aunque sí sabía que se cocinan. Algún día las probaré…


  5. Noe, siempre que visito tu página acabo con hambre viendo y leyendo sobre tanta comida rica… mis padres suelen hacer cada año tomate en conserva, tenemos un huertecillo al que no le dedicamos todo el tiempo que se debiera, pero la naturaleza es generosa y siempre nos salen unos tomates, unas berenjenas, unos pimientos… unas hortalizas riquísimas. :)


  6. Hola,

    Muy rico el tomatito.

    Aprovecho para recomendar la siguiente lectura: Crisi 17-s , es una revista que fué difunddia el pasado ayer miércoles y que espero que podáis encontrar.
    De todas formas, se puede leer por internet: http://polaris.moviments.net:8000/es/crisi

    Saludos,

    M


  7. porque pones de referencia recapte? es una empresa que se dedica a la comercializacion de verduras y fruta no ecologica?



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