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Rico, rico… y con fundamento

26 junio 2008

Cuando llega el repartidor es como si llegaran los Reyes Magos. Abrir la caja es cómo es como desenvolver un regalo :)

Hoy había tomates, berenjenas, judías verdes, cebolletas, puerros, patatas, lechugas, plátanos, cerezas y nectarinas. ¡Todas me encantan! Ya sé que me repito un poco, pero es genial esto de que te traigan lo que hay de temporada. Introduce el elemento sorpresa en el día a día de la cocina. Pero creo que me estoy volviendo un poco fina, porque ayer me hice unas judías verdes congeladas (tenía un paquete de hacía tiempo en el congelador) y ¡puaj! Al comparar, ya no con las ecológicas, sino simplemente con las judías naturales… no hay color. Una vez hervidas parecían saquitos verdes de agua con textura (no muy agradable, por cierto) pero sin nada de sabor. El caso es que antes solía consumir estas casi siempre (por no quitarles los rabitos y porque las naturales suelen estar carísimas).

También llevo unos meses haciendo prácticamente toda la salsa de tomate yo misma, y con tomates buenos (o bien de los ecológicos o los cuarentenos, o los raf, si los pillo a buen precio) y ahora solo de pensar en usar la del frasco… o los tomates «normales»… me entra una penita… Eso sí que no tiene nada que ver. Ah, y no os he contado, pero para mañana ya tengo una bola de masa de pizza en el congelador, que la hicimos mi hermana y yo cuando ha estado de visita unos días. Estoy experimentando. Cuando esté cien por cien satisfecha con el resultado haré fotos de la preparación y colgaré aquí la receta, pero ya os adelanto que el primer día la hice con harina de espelta y salió muy, muy buena. Lo que creo que me falla es la levadura. Quise hacerla con levadura de cerveza, por usar algo más natural que la Royal, y subió poquito, la verdad (suerte que a mí la pizza me gusta con la masa finita). Tendré que ir aumentando la proporción, a ver qué pasa.

Ah, y ya que estamos hablando de comida os cuento que hoy hemos comido churrasco ecológico, lo compramos en la Ecoteca hace dos findes. La carne estaba buenísima y además allí me enteré de que se puede comprar carne y embutido ecológico en al menos una tienda de Tarragona (donde también se pueden comprar verduras y frutas al peso, pan y otros productos de repostería dulce y salada que ellos mismos hacen, además de leche, yogur, pastas y un montón de cosas más). El salchichón ya lo probamos (también compramos un paquete en la ecoteca) y estaba **de muerte**. Lo traen de Ávila. Los productores son Biobardales. La tienda que os digo es L’espiga d’or. A ver si voy probando más cosillas y os cuento, que estoy muy contenta porque veo que cada vez es más fácil conseguir productos ecológicos frescos sin tener que molestarse demasiado. Es evidente que pasarse a lo ecológico requiere un esfuerzo, por un lado económico, pero sobre todo yo creo que de cambio de hábitos. Sale un poco más caro comer ecológico, pero no tanto como puede parecer, si uno se organiza bien y se prescinde de otro tipo de productos. O sea, los alimentos ecológicos son más caros que los que no lo son, pero también es más caro comer a base de productos muy elaborados, precocinados, etc. Es más barato hacer uno mismo la vinagreta y la mayonesa, por poner un ejemplo, y realmente se tarda poco. Por eso digo lo del cambio de hábitos, porque si una persona está acostumbrada a recurrir poco a los alimentos naturales sin procesar y de repente se ve partiendo, digamos, de cero, a la hora de cocinar, se va a encontrar con más trabajo. Eso está claro. Lo que pasa es que yo tengo una teoría, y es que la energía que se invierte en preparar la comida siempre revierte en uno mismo y en los que le rodean de manera positiva. Es algo más que una cuestión de calorías, minutos, euros. No sé, llamadme sentimental, pero es bonito relacionarse con los alimentos. Bueno, yo siempre lo he disfrutado mucho. Recuerdo cuando me pasaba horas en el bar, «preparando» (así lo decíamos, sin más). Los sábados, desde las cuatro hasta que empezaba a haber movimiento a las ocho, pasaba el tiempo con «mis amigos, los tomates», como siempre los llamaba. Pasarme las horas cortando lechugas, tomates y cebollas era un trabajo agradable para mí. Me dedicaba a pensar en mis cosas, escuchar música o charlar con las compañeras. Y además, las verduras y las frutas son tan bonitas…

En fin, os voy dejando que me estoy poniendo trascendental :)

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