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Homofobia de barrio

11 junio 2008

Esta mañana he vivido un episodio de homofobia rampante en primerísima persona.

Escenario: 9.15 de la mañana, en una cafetería de un barrio de Tarragona.

Personajes: cuatro compañeras que van a clase de baile flamenco. Tres de ellas rondan los 55-60 años, son señoras de clase media, bastante simpáticas y con mucha gracia. La cuarta es una chica lesbiana de 30 años que lleva más o menos un mes en la escuela, o sea, la que escribe.

Las tres mayores están tomando un café antes de entrar a clase. Yo llego y decido sentarme a tomar un café con las compañeras antes de entrar. En un momento de la conversación, hablando de otra persona, una de ellas dice: «Ese es el marido de mi médico». Yo apenas me inmuto, pero una de las otras tres empieza con la típica retahíla de que «qué lástima y qué desperdicio», y entonces comprendo que hablan de una pareja formada por dos hombres. Yo le pregunto tranquilamente que por qué le parece un desperdicio. Las tres hablan interrumpiéndose unas a otras, entre risas, repitiendo sobre todo la frase «es que eso está mu feo». Una dice algo así como que para preguntar al médico por su pareja no sabe qué decir, y la otra le responde con desparpajo que le pregunte «por su mujer». Se ríen a carcajadas y una añade: «Porque ese es el hombre». Todo esto sucede en muy pocos segundos. Después de esta última frase no puedo menos que soltarle, seria y borde: «Los dos son hombres». Me mira como sorprendida por mi reacción y dice: «Bueno, ya lo sé, pero…». Siguen, desordenadamente, diciendo cosas como: «Pues a mí me da mucho asco ver a dos tíos besándose», «Es que eso es asqueroso», «Ahora se ve cada cosa», mientras yo les voy preguntando «¿Por qué os parece asqueroso? ¿Qué es lo que no os gusta?». Parece extrañarles que no me una al coro de insultos y no responden a mis preguntas, pero empiezan a decir cosas como «Es que vosotros los jóvenes lo veis de otra manera, pero yo, será porque estoy casada…». Y dice otra: «Es que antes esas cosas no se hacían», a lo que le respondo muy seria que toda la vida se ha hecho, solo que antes casi todos se escondían y ahora hay unos pocos que no se esconden. Y responde: «Pues una cosa tan fea más valiera que no se hubiera destapado nunca». Le pregunto que si le gustaría que a ella le dijeran «no salgas de tu casa, que lo que haces está feo y a la gente no le gusta». Les pregunto si no les parece peor que la gente no pueda vivir de la manera que prefiere y ser feliz. Una empieza a decir: «Bueno, si yo no lo veo mal…». Y la otra: «Claro, que hagan lo que quieran…». Pero la otra sigue en sus trece y añade: «Pues yo lo veo muy feo. Y dos mujeres, eso es todavía peor». En este momento se hace un pequeño silencio que aprovecho para decir: «Pues yo soy lesbiana y vivo con mi novia y quiero aprovechar este preciso momento para contároslo». Se quedan calladas un momentito, desvían las miradas —se vuelven un par de cabezas en la mesa de al lado— se les pasa de repente la risa y empiezan a repetir las típicas frases, ahora con gesto amedrentado: «Pues si tú estás contenta…», «Pues yo lo veo mejor dos mujeres que dos hombres», «Pues yo conozco a una que también vive con su novia, pero cuando me lo dijo, me dio mucho asco, no lo puedo remediar, no me lo imaginaba». Como las otras dos insisten en que «a ellas les parece bien», como para consolarme después de haberme insultado, respondo bastante seria y un poco borde que a mí me da igual lo que a ellas les parezca, pero que molesta oír hablar así de las personas solo por eso. Al final cambiamos de tema, se les van bajando los colores, se anima otra vez la conversación, acabamos el café y vamos a clase.

Sé que ya no me van mirar igual en el vestuario. Sé que la próxima clase ya lo sabrán todas las compañeras y demás gente de la escuela (cosa que me la trae floja, porque yo no lo escondo). Después he coincidido con una de ellas después de clase, en el autobús y, tal vez para que no se creara un silencio incómodo —que por mi parte no iba a crearse porque yo hablo por los codos— no ha parado de parlotear como una cotorra en todo el camino. Casi no me dejaba meter baza. Me ha contado mil cosas, incluso de gente que yo no conozco de nada, con todo detalle, pero lo más curioso es que no me miraba nunca a la cara. Al final se ha atrevido y me ha mirado un par de veces a los ojos, pero han sido miradas fugaces y medio avergonzadas.

Podría decir que me da lo mismo lo que piense la gente, que son ellas las que tienen que avergonzarse de su comportamiento, que yo no tengo nada que esconder ni de que avergonzarme y que aquí no ha pasado nada. Pero joder, sí ha pasado. No me da lo mismo lo que piense la gente. Me jode, me duele, me irrita, me deprime. Me jode, me duele, me irrita y me deprime ser objeto de chistes, ser motivo de censura, ser algo que se rechaza de entrada. Algo que no se toma en serio, algo que, en el mejor de los casos, «se tolera» o «se ve bien». La situación que os he descrito es humillante. Y eso que yo ya estoy bastante curtida y me encuentro personalmente en uno de los mejores momentos de mi vida. Vamos, que puedo con eso y con más. Pero no todas las personas están tan curtidas y son tan fuertes. ¿Qué habría hecho otra más insegura en mi lugar? Callarse, intentar disimular cómo se te acelera el corazón, cómo te hierve la sangre, cómo te duelen las entrañas. Puede que hasta fingir y ponerse a insultar a los homosexuales para no dar lugar a sospechas.

Para que luego digan que los homosexuales de este país «no nos podemos quejar» y ya «lo tenemos todo». ¡Y UNA PUTA MIEERRRDA!

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10 comentarios

  1. Queda mucho camino por recorrer todavía, aunque se esté dando algún paso. Mucho ánimo y olé tus ovarios, chuli :-)


  2. Lamentablemente, es así, me sorprende cuán fácilmente habla mal la gente sobre homosexuales, lesbianas, negros, gitanos, catalanes, moros, estadounidenses…

    Vivimos en una sociedad con muchos prejuicios, una sociedad con una educación (familiar, escolar…) de mi-er-da. Aunque, de tanto en cuanto, manteniendo una mentalidad abierta y predicando con el comportamiento propio, encuentras gentes excepcionales que te ayudan a disfrutar mucho de todo lo bueno que tiene la vida.

    Xabier


  3. Entiendo cómo te sientes, pero creo que es justamente eso lo que debes trabajarte. Cuando ellas dicen esas cosas, hablan más de ellas que de ti. Es decir, sus palabras revelan la mentalidad que les inculcaron de pequeñas y que ellas no han sabido, querido o podido cambiar cuando el entorno se ha empezado a abrir.

    Tú no puedes conseguir que toda la gente con prejuicios de este tipo los pierda, pero sí puedes seguir trabajando para que no causen dolor sus comentarios.

    Te lo digo porque a mí me importa lo que piensen los demás sobre mí en asuntos concretos, y hasta cierto punto es lógico y saludable, pero creo que otro de los errores que nos inculcaron a la mayoría consiste en atribuir excesiva importancia a la opinión ajena. No necesitamos que nos quiera todo el mundo, así que no tenemos por qué ajustarnos a las expectativas de todos ni debemos dar importancia a lo que cualquiera opine sobre nosotros.

    Ánimo y felicidades por haber mantenido la calma y además haber sido valiente en tus respuestas, y recuerdos a gazpachito.


  4. Estimadísima compañera,

    primero de todo quiero darte un abrazo inmenso en mi nombre y en el nombre de todxs lxs que no tienen (o quieren tener, por comodidad) agallas u oportunidad de ser tan justas, valientes e íntegras como tú.

    Esto sí es activismo en estado puro; y es que has tenido ocasión de “colarte” en la vida cotidiana de unas heteras homófobas cualquiera. Ellas no sabían nada de ti, han presupuesto tu sexualidad (homofobia n.1 ) y te han metido en el ajo del insulto, la descalificación y el odio. Si lo hubieran sabido antes, hubieran actuado con esa falsa “tolerancia” que les caracteriza, pero las has pillado.

    Me duele que hayas tenido que vivir este episodio desagradable, incómodo y que entristece por lo duro que resulta pensar que aún estamos así (la homosexualidad da asco, vergüenza, debería ocultarse, es impensable, es feo, repulsivo…).

    A pesar de que seas fuerte y que hayas actuado de manera tan gallarda y orgullosa (esto sí es pride!), vivir este encarnizamiento homófobo de tan cerca y en un ámbito de tu vida no puntual, -es decir que vas a tener que compartir con ellas a menudo-, convierte tu acto en algo de lo que deberíamos tomar nota todxs.

    HOMOFOBIA: SILENCIO = MUERTE (física o social)


  5. Hola Noe, no me he leído los comentarios anteriores asi que igual me repito como el ajo.

    Supongo que te debiste sentir muy mal, pero también comprendo a esas mujeres, son años de educación retrograda la que llevan a su espalda. No las justifico claro. Supongo que siendo heterosexual no puedo ponerme en tu pellejo, pero puedo imaginarmelo. Creo que has echo lo mejor que podias hacer, porque conociendote, aunque sea un poquito, creo que sino te ibas a sentir peor si hubieses callado.

    Ahora que piensen lo que quieran…

    Tu te has quedado mas agusto que un arbusto y eso es lo que cuenta.

    Un abrazo.


  6. Menuda moral, felicidades por haber mantenido el tipo de esa forma. Por desgracia esta es una situación que se da demasiado a menudo… y esa falsa tolerancia hipócrita de la gente es bastante insoportable, aunque sea por años de ignorancia (impuesta y/o tolerada).

    Por otro lado, hace un par de días tuve que aguantar que un par de seres unineuronales, por algo que no tiene nada que ver con esto, me gritaran “maricona” y “marimacho”, palabras que todos conocemos y que se usan con intención peyorativa y despreciativa para nombrar algo que, evidentemente, no tiene nada de negativo… Cuánta ignorancia, por diosa… Y luego resulta que no hace falta una “educación para la ciudadanía”.

    Txus dixit: HOMOFOBIA: SILENCIO = MUERTE (física o social)

    Totalmente de acuerdo.

    Saludos.


  7. Y mientras tú tienes los ovarios bien puestos, el 80% de las bollos del país callando (todavía). ¿hasta cuándo? manda huevos, nena, manda huevos.
    Besos mil, me ha gustado mucho.


  8. Muy bien, Noe. Muy bien.
    Luego lo hablaré contigo largo y tendido, pero suscribo palabra por palabra el comentario de Ramón. Trabajar esa filosofía me ha llevado tiempo y esfuerzo, y es lo que me salva en situaciones indeseables como la que has vivido. Admiro tu reacción.

    De tu artículo, creo que solo cambiaría una frase:

    “Les pregunto si no les parece peor que la gente no pueda vivir de la manera que prefiere y ser feliz.”

    No creo que sea una cuestión de preferencia. Yo no prefiero vivir como gay. Vivo de la manera que me dicta el corazón (encantado de la vida, por cierto) e intento ser feliz, como todo el mundo. A veces, hasta lo consigo :o)


  9. Rafa: totalmente de acuerdo contigo en que no es una cuestión de preferencia, ni de opción, ni de tendencia, ni todas esas palabras que tanto se usan. En ese momento no supe expresarme mejor —y no olvidemos que a nosotros también nos cala lo que se dice, aunque sea falso o impreciso—. Tal vez inconscientemente simplifiqué y usé esa idea inexacta pero seguro que más comprensible para una señora como la que tenía delante (que uno pueda hacer lo que prefiera). Pero es un tema muy interesante y me alegra que lo hayas comentado. Por si ha quedado alguna duda: de preferencia, nada. Uno es como es y solo tiene dos «opciones»: vivir sin reprimirse o reprimiéndose.


  10. Vivir sin reprimirse o reprimiéndose. Ahí le has dao. Exactamente.

    Lo de la “preferencia” era por matizar, como bien sabes ;o)

    Abrazo



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