Eso hemos estado haciendo esta mañana en el huerto. Bueno, eso y otras cosas…

A los que seáis de por aquí no hará falta que os explique lo que son los calçots, ni cómo se comen, pero a los demás, os cuento: los calçots son unas cebollas que, según van creciendo, se van «calzando» (de ahí su nombre), es decir, se va amontonando tierra alrededor de las hojas para que queden enterradas y, por tanto, blancas y tiernas. Quedan parecidos a los puerros, pero llenos de tierra. Y luego con ellos se hacen calçotades. Los calçots se asan a la parrilla, pero no con el calor de las brasas, sino a fuego vivo, de forma que quedan calcinados por fuera pero tiernitos y jugosos por dentro. Después se «pelan» (se quitan las hojas requemadas), y el corazón se come mojándolo en la típica salsa de calçots, que lleva, entre otras cosas, tomate, ajo, almendras y vinagre. Está buenísima. Es muy parecida al romesco. Lo bueno de las calçotades, además de ponerse hasta arriba de calçots, es que siempre se termina con los dedos negros, de la carbonilla, y la camisa llena de manchas de la salsa. Por eso en los restaurantes que las hacen regalan baberos. Porque los calçots se deben coger por un extremo, mojar en la salsa, y llevárselos a la boca como hacía la Diana en «V» con los ratoncitos. La calçotada es típica de Tarragona, en especial de Valls. Si no lo habéis probado, os invito a que vengáis por estas tierras en temporada (enero-marzo, más o menos) y lo hagáis. Es divertido y están muy buenos.
Y después de esta introducción gastronómico-cultural, sigo con el diario hortelano. Como os decía, hemos estado calzando calçots. Aquí podéis ver a una compañera en plena faena:

Además de calzar calçots, hoy también hemos sembrado zanahorias (sorry, no hay fotos del acto), hemos plantado más lechugas y, como siempre, hemos estado quitando malas hierbas. Tampoco de eso hay fotos, pero sí que puedo poneros unas cuantas del huerto en general para que veáis el aspecto que tiene todo ahora mismo:
En esta podéis ver acelgas (al fondo a la izquierda), escarolas, lechugas rojas, lechugas verdes y coles (no recuerdo de cuáles). Y en la esquina derecha, los calçots.
Aquí un primer plano de las escarolas. Que están demasiado juntas y un poquito amargas, pero qué le vamos a hacer…
Aquí, al fondo del todo, los calçots; después coles, después lechugas, después escarolas, y después más coles. Y por aquí y por allá, acelgas, que se propagan como si se tratara de una plaga (por mí encantada: me chiflan).
Y ahora vamos con la cosecha. Qué belleza de lechugas, por dios. ¿No os parecen preciosas? Creo que si tuviera una cámara buena me pasaría las horas muertas haciendo fotos al huerto. Una con objetivo macro. ¡Ay…! (suspiro).
Aquí unas acelguitas…
Y aquí la cesta rematada con unos cuantos tomates y albahaca. Fijaos en la planta de albahaca (ya toda espigada, en las últimas) y, detrás, el cardo. No le hemos hecho ni puto caso pero al parecer también ahí hay una buena cosecha. Nunca he cocinado cardo. Empezaré a buscar recetas…
Y esto es todo por hoy, amigos.